agosto



Y tras el primer relámpago que anunciaba la inminente tormenta de verano, salió del portal y corrió hacia la playa.

Sentía el corazón salírsele del pecho y que en cualquier momento podría venirse abajo.

Pero negaba insistentemente con su cabeza mientras se decía a sí misma que no debía llorar y continuó corriendo hasta que sus piernas se tambalearon y se derrumbó en la arena.

Al menos ahí sus lágrimas se confundieron con las gotas de lluvia que inundaban su cara.